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Cátedra Mister d Elx

Alberto Asencio Gonzálvez (1894-1970)

Alberto Asencio

INTRODUCCIÓN

Los últimos cien años de la vida de Elche y de su Festa han sido un período de grandes cambios y de transformación y, al tiempo que la ciudad iba creciendo y evolucionando, la Festa ha ido adaptándose también a las nuevas realidades sociales. De ser una celebración de carácter íntimo y litúrgico, la representación ilicitana se ha convertido con el devenir de las últimas décadas en un gran espectáculo cultural en el que ha permanecido inalterable el espíritu colectivo de todo un pueblo.

Desde principios del siglo XX y liderados en gran medida por el erudito Pedro Ibarra, intelectuales locales y foráneos que se habían interesado por la Festa manifestaron la necesidad de restaurar la celebración y de devolverle su primitivo esplendor. Tal restauración se llevaría a cabo en 1924 con la depuración de la partitura y con una primera revisión escénica y, desde ese momento hasta el último tercio del mismo siglo, hay un ilicitano que aparecerá estrechamente vinculado a la organización de las fiestas de agosto y de la Festa jugando un papel decisivo a la hora de orientar la representación. Este personaje es Alberto Asencio Gonzálvez.

ALBERTO ASENCIO Y LA FESTA

Nacido en Elche el 2 de agosto de 1894 en el seno de una familia de honda raigambre tradicionalista, Alberto Asencio participó desde bien joven en diferentes ámbitos de la vida cultural, deportiva, artística y religiosa de su querida ciudad, lo que le llevó a entrar en 1924 en la organización del Misteri al integrarse en la comisión de fiestas cívicas que se instituyó en el organigrama de la Junta Protectora de la Festa; y, en agosto de 1931, actuaría de una forma destacada en la Comisión Popular de las Fiestas en honor de la Virgen de la Asunción constituida por industriales y comerciantes de Elche con el objeto de que se pudiera representar el Misteri en dicho año. Cuando el 15 de septiembre de este mismo año el Estado declarara la Festa como Monumento Nacional y la pusiera bajo su tutela por medio de un primitivo Patronato, la mencionada comisión popular continuaría trabajando para organizar de una forma simultánea las fiestas desarrolladas en torno a la representación, como la Nit de l’Albà, la serenata de la Virgen y otros actos culturales. Entre éstos, unos Juegos Florales que tuvieron lugar en agosto de 1935 y en los que actuó como mantenedor el filósofo catalán Eugenio d’Ors, a quien Alberto Asencio había conocido el año anterior en un viaje por las Islas Canarias.

Acabada la guerra civil, Asencio aparece de nuevo íntimamente vinculado a la preparación de la Festa. Primero, en la Comisión Restauradora de la Iglesia de Santa María y de las Fiestas de Agosto y, a partir de 1940, en la Junta Nacional Restauradora del Misterio de Elche y de sus Templos, de la cual fue un miembro muy activo. Es aquí donde, en relación directa con Eugenio d’Ors quien ostentaba por entonces la secretaría perpetua del Instituto de España y la presidencia de la Comisión de Madrid de la mencionada Junta Restauradora, Asencio desarrolló una importante tarea que, unida a la de otros ilicitanos como Antonio Ripoll Javaloyes, Antonio Serrano Peral, Francisco Espinosa Gómez, Alejandro Ramos Folqués, Juan Orts Román o José Santo Orts, permitiría poner en marcha la restauración de la iglesia de Santa María que había sido incendiada en 1936, realizar la nueva imagen de la Virgen de la Asunción en diciembre de 1940 y volver a representar el Misteri en agosto de 1941 después de cinco años de interrupción.

Las actuaciones de esta Junta Restauradora, llevadas a cabo en su mayor parte con las aportaciones humanas y económicas de ámbito local así como con las ayudas estatales que gestionaba en Madrid Eugenio d’Ors, consiguieron recuperar en pocos años una gran parte de los elementos de culto del templo de Santa María y la reconstrucción de las iglesias de San Salvador y San Juan. No obstante, las fricciones entre las diferentes fuerzas locales provocarían que finalmente la Junta Restauradora se transformase en 1948 en el Patronato Nacional del Misterio de Elche, y en esta transformación jugarían también un papel esencial Alberto Asencio y Eugenio d’Ors.

A principios de los años cincuenta, Asencio fue nombrado secretario de este Patronato Nacional y vicepresidente de su Junta Local Gestora; y, desde 1955 hasta su muerte en 1970, sería su presidente gestor. Durante estos años hay que destacar diferentes actuaciones realizadas con la finalidad de mejorar el aspecto material de la representación asuncionista y difundir a la vez sus valores artísticos y religiosos. Cabe mencionar la introducción de las representaciones extraordinarias del 1 de noviembre en conmemoración de la proclamación dogmática de la Asunción de la Virgen por Pio XII, la revisión escénica y musical desarrollada en torno a 1960, la publicación de la primera guía para los espectadores redactada ad hoc, la grabación del primer disco de la Festa, la renovación de algunos elementos escénicos (la alfombra del cadafal y el andador, el vestuario de los apóstoles y judíos, los pequeños altares de las estaciones iniciales, el arpa del araceli, la cruz procesional o la capa pluvial de San Pedro), la celebración en 1965 del VII Centenario del Misteri al tomar como origen del mismo la tradición local no documentada de su creación en el año de la conquista de Elche por el rey Jaime I, o la celebración en 1970 del VI Centenario de la Venida de la Virgen, origen legendario de la Festa y en el que ésta, por primera y única vez en su historia, fue representada el 29 de diciembre.

EUGENIO D’ORS

Es necesario dejar constancia en estas líneas de la importancia decisiva que en la vida de Alberto Asencio supuso la relación personal con Eugenio d’Ors a partir de la presencia del filósofo catalán en Elche en agosto de 1935. La suya fue una amistad hermosa y singular. Hermosa porque se entretejió bajo la estela de la pervivencia del último drama medieval europeo, y singular porque el gran intelectual de época que fuera Eugenio d’Ors supo captar, con una extraordinaria finura de espíritu, la nobleza de las actuaciones personales de quien, como nuestro personaje, había venido laborando desde su juventud para que los beneficios de la cultura impregnasen el devenir en la vida de su ciudad. Asencio nunca defraudaría las expectativas de la amistad que le ofreciese D’Ors al dejar Elche tras su primera visita.

Por otro lado, conviene remarcar que el conocimiento del intelectual por parte de Asencio en un momento de la madurez personal de éste y la afectuosa amistad que se estableció entre los dos fueron el embrión del desarrollo de la correspondencia que ahora presentamos. Posteriormente, con la participación en la organización del drama asuncionista a través de la Junta Restauradora y del Patronato del Misterio, Asencio vino a ampliar el círculo de amistades con quien mantendría contacto epistolar con la finalidad de dar a conocer la excepcionalidad de la Festa. Entre estas amistades cabe destacar a Conrado del Campo, el marqués de Lozoya, José María Pemán, Arón Cotrus, José Cubiles, Óscar Esplá, el duque de Alba, Adriano del Valle, Adolfo Muñoz Alonso, Joaquín Rodrigo, Francisco Serrano Anguita, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Eduardo Aunós, Manuel Benedito, José Camón Aznar, Francisco Bastarreche, José María de Cossío, Emilio García Gómez, Julio Guillén Tato, Eugenio Montes o Dionisio Ridruejo.

EL LEGADO DE ALBERTO ASENCIO

La historia de gran parte del siglo XX en Elche solo es comprensible a través de la pasión personal de esfuerzo y entrega que Alberto Asencio puso al servicio de su ciudad. Su personalidad única quedó finamente retratada por el poeta Dionisio Ridruejo, quien, en el acto de homenaje a Asencio el 24 de noviembre de 1955 al serle entregada la encomienda de Alfonso X el Sabio, se referiría al mismo en los siguientes términos: “No haría falta, ni siquiera haría falta, para que nos reuniésemos a comer con Alberto Asencio, y a decirle que le queremos, que le admiramos, que le reconocemos, no haría falta siquiera que Asencio fuera como es un hombre de pro, un hombre que ha levantado a su pueblo con numerosas iniciativas, con numerosas abnegaciones, con numerosos actos de inteligencia y de caridad, no haría falta ni siquiera eso. Bastaría con conocerle, porque hay una justicia que se rinde a los hombres por lo que han hecho, y otra que se rinde a los hombres por lo que son. Y Alberto es, ante todo, un hombre. Y esto se logra por muchos modos, el principal –claro es– por la humildad con que el hombre acepta la instancia superior, por la humildad con que el hombre se dispone a ser divinizado por quien pude divinizarle, pero después por una virtud estrictamente humana: por la autenticidad. El hombre es el que está en la tierra, el que hace su obra y su camino en la tierra, con las cosas del mundo. El hombre es el que quiere hacer mejor al mundo. Y Alberto Asencio, en el pequeño mundo que le ha tocado vivir, es un hombre que ha querido siempre hacer mejor a su pequeño mundo. Pero de todas las cualidades y virtudes que posee y que le constituyen como hombre, como hombre ejemplar, como hombre de verdad, como hombre digno de ser querido, yo elegiría una que en cierto modo las resume todas, que resume su laboriosidad, su inteligencia, su caridad, su finura de espíritu, su abnegación, que es la dignidad.”

Alberto Asencio fallecería el tres de noviembre de 1970 cuando participaba en los preparativos del mencionado VI Centenario de la Venida de la Virgen. Tal y como expresaban los medios de comunicación locales de la época, su muerte produjo una gran conmoción en la vida social ilicitana. Aún perdura en la actualidad, después de haber transcurrido cuarenta años de su desaparición, el recuerdo entrañable y afectuoso de las personas que lo conocieron. A los pocos meses de su fallecimiento, el 23 de marzo de 1971 el Ayuntamiento de Elche declaraba a Alberto Asencio hijo predilecto a título póstumo “como oficial reconocimiento a sus destacadas cualidades personales y servicios en beneficio y honor de Elche.”

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